El papa Benedicto XVI, el ciudadano Joseph Ratzinger, ha sido inoportuno en sus recientes declaraciones en Alemania. Las excusas presentadas y los perdones pedidos por ellas, llegan, como siempre en la Iglesia católica, tarde. El mal ya está hecho.
Pero el horno no está para bollos y la infalibilidad papal ha quedado maltrecha.
Es bien sabido que el actual pontífice es calificado de gran intelectual por lo que, es fácil deducir, que no debieron ser ni un error ni un infortunado desliz si no un “tirar la piedra que, según como, esconderemos la mano”.
Como que la única religión basada en la bondad y en la razón, es la que Él preside, los muchos cientos de millones de creyentes de otras confesiones están equivocados. A los ateos y a los agnósticos, entre los cuales me cuento, a Dios gracias, ni agua.
Ese desprecio por las creencias de los demás es, como poco, temerario.
Ese permanente olvido de la historia de la Iglesia católica es, también como poco, zafio.
Una de sus declaraciones fué: “Dios no se complace con la sangre, actuar contra la razón es contrario a la naturaleza de Dios”.
¿Acaso los nombres de Torquemada, Savonarola, Galileo, Borgia, .. y tantos otros, así como el exterminio de los cátaros, las guerras de religión europeas, las Cruzadas, no están teñidos de dolor y de sangre? ¿Es ajena la Iglesia católica a la terrible y despiadada expulsión de los árabes y judíos de la península ibérica? ¿Qué excusas y perdones plantea la Iglesia por sus “piadosas” actuaciones durante los pasados regímenes dictatoriales en Italia, Portugal, Alemania, España, por citar solo algunos y europeos? Una reivindicación en boga actualmente por el Vaticano es incluir en la Carta Magna Europea las raíces cristianas de nuestro continente.
Sí, Europa esta marcada por la religión católica, pero ¿este moderno y razonablemente justo continente lo es por su influencia o a pesar de ella?