La revisión de los periódicos de los días pasados, para finalmente echarlos al contenedor de papel, me ha dejado unas sensaciones que, probablemente, han propiciado mi pesadilla de anoche.
Soñé con el conflicto del Líbano. En él, los combatientes morían desangrándose reventados por bombas o atravesados por balas. Los niños y los ancianos, las mujeres, los observadores internacionales y los periodistas, explotaban rotos por misiles Katiuska o por otros lanzados desde los cazas israelitas. Puentes, fábricas y edificios se desplomaban en miles de trocitos pequeños dejando las ciudades inservibles y dantescas y el país destrozado. Los mares se cubrían de contaminación que, por mucho tiempo, destruirían la vida en aquellas aguas.
Una de las últimas noticias leídas me hizo reflexionar: el gobierno español aportará 32 millones de euros, dentro de un importante paquete económico procedente de los países del primer mundo, para la reconstrucción del país. Me pareció una excelente medida solidaria. Me hizo pensar, por un minuto, en que yo participaba con poco menos de un euro a tan humanitaria tarea. La misma cantidad que el Sr. Botin, o que un amigo que tengo, camarero en paro, por ejemplo.
En la pesadilla, la idea de la aportación también me acosó. Veía a todos los países acudir fraternos a la colecta. Todos menos el principal causante del estropicio, Israel. Veía, también, el masivo desembarco de las grandes empresas americanas y europeas que reconstruirían las infraestructuras. Me pareció, en mi delirante pesadilla, que muchas de esas empresas eran de capital judío. ¡ Hay que ver como son los sueños !
Que duerman Uds. bien.